(Nota: Este artículo se pulbicó originalmente en El Semanario, México, 25/9/2010)

En una publicación reciente Umberto Eco se refiere al futuro del libro en papel (Nadie acabará con los libros, RH-Mondadori). En esta discusión se toca un tema muy interesante: el libro es una tecnología resistente y Eco postula que “también podemos imaginar que esa formidable invención que es Internet desaparezca en un futuro…” Esta curiosa idea sobre “la muerte de la Web/Internet” está hoy en todo el mundo: Wired tuvo un reciente artículo de portada sobre el tema, y le siguió The Economist. ¿Es la Web todo lo ubicua y persistente que pensamos?

El artículo de Chris Anderson en Wired, The Web is Dead, ha generado polémica en la Web y en la no-Web. Y la cosa es que Anderson ha dicho con todas las palabras algo que intuimos: el uso de la Web va en declive, y dentro de poco será un mero recuerdo de lo que hace una década revolucionó la forma de hacer negocios. La Web puede pasar de ser el lugar en donde se escribía la historia, a ser un lugar para curiosos y extraviados. Ese lugar para las páginas Web corporativas. Es una argumentación que parece lógica a la luz de lo que viene sucediendo.

La Web ha sido tan importante que en la imaginación de muchos es sinónimo de “Internet”. Se pasa por alto que el Internet es un medio y que la Web es otra aplicación que habita Internet. Y esta aplicación en particular está perdiendo terreno frente a las que avanzan y la desplazan (P2P y las “Apps” en móviles, los eBooks, entre otros) El uso de la Web hoy, en el agregado, ya no es tan importante como antes. Pero en números absolutos debe ser mucho mayor que en 1995: La Web puede ser menos popular, pero no es desplazada sino convive con otras tecnologías.

Las virtudes de la Web han sido su condena: es una aplicación abierta, que al final lo es demasiado para ser garantizar el control requerido por los negocios. Es una aplicación sencilla y fácil de usar, que al final lo resulta demasiado para usuarios avanzados que requieren interactividad y calidad de servicio. Pero de ninguna manera es obsoleta. La Web seguirá siendo el lugar en que se desarrollen los negocios tipo búsqueda de Google, que requieren la colaboración abierta. Un lugar que nutre nuevos modelos como Wikipedia, cuyos incentivos no son monetarios. Seguirá siendo un espacio de innovación. Las aplicaciones cerradas son para negocios con barreras de entrada y control. En esta discusión existe un bando que desaprueba el desarrollo de aplicaciones cerradas. Pero tienen derecho a buscar su negocio sobre Internet como la Web.  Además, los clientes pagan gustosos la experiencia y calidad que ofrecen.

Al final, me parece que la discusión tiene dos aspectos clave que se deben considerar. En primer término la discusión de cómo la tecnología impacta a la sociedad. En un lado están los que piensan que la tecnología determina los arreglos sociales y económicos (los Anderson de este mundo).  En esta visión la tecnología es una fuerza independiente que se sobrepone y destruye competidores más débiles. Es la lógica del progreso lineal imparable. Por el otro lado están los que piensan que la tecnología que obtenemos es determinada por la sociedad misma. Es decir, que se adapta al uso que la sociedad le quiera dar. Es esta una visión orgánica y evolutiva, en la cual coexisten varias tecnologías que sirven diferentes funciones, y que comprende variedad y adaptación. Pienso que la segunda es más adecuada para entender el camino que seguimos hoy con la Web y la no-Web. Umberto Eco se ubica aquí, piensa que libros, eBooks, Web y otros conviven y evolucionan a la par.

Segundo, está el rol de las autoridades gubernamentales, que pueden influir en la adopción de tecnologías mediante regulación. Aquí la discusión es la elección entre la libertad de expresión y la seguridad. La Web es un ambiente abierto y por tanto vulnerable al abuso. Por demás, no permite una identificación plena de los usuarios. Plataformas cerradas podrían ser esa herramienta de control que requiere, sobre todo para los gobiernos totalitarios y los hegemónicos. Este es un factor a considerar cuando hablamos de la muerte de la Web, y que no ha sido parte de la discusión. Sin embargo, es también un proceso de la sociedad global, que determinará el desarrollo de la tecnología.

Al final del día, la Web es un espacio que se debe regular y también proteger. No debe ser un basurero, o una tierra de nadie, como lo pensaban los utópicos. Es abierto y también vulnerable, y puede ser explotado y parcelado. Es una capa mas para el discurso político y cultural de la sociedad, similar a los grupos civiles para la expresión de la opinión ciudadana. Esto es evidente si consideremos las nuevas leyes que buscan reducir el adoctrinamiento político-radical sobre la Web, o los intentos de filtrar contenidos (La Gran Muralla de Fuego)

La Web, como toda tecnología, tiene su propia lógica política y social. Sin caer en un discurso normativo, la sociedad debe promover su conservación, y pensar en cómo protegerse de un accidente evolutivo que reduzca a meros “jardines privados” una de las tecnologías más importantes de las últimas décadas.

(Copyright Oscar Howell, 2010) Twitter: @ohowell

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